viernes, 14 de septiembre de 2012

Yo, chef.

Todo era un corre corre, desde la maῆana el afán por salir temprano de casa y coger el bus C-21 para llegar a tiempo a la universidad era estruendoso. Era el 25 de agosto, ese día como cualquier otro me levante para ir a clase y recuerdo bien, ese sábado me tocaba ser chef. Dentro de los conocimientos que he adquirido en todo este tiempo en la unversidad y a mi alrededor,  las cualidades y perfiles que un administrador requiere se han visto reflejadas en la necesidad por hacer un buen trabajo dentro y fuera del taller de cocina y para ser chef se requiere ser un líder. Fue así que de inmediato, ese mismo sábado, que desde que me levante me sumergí en el papel de chef de La Quatrieme. 
Recuerdo haber visto en la televisión, la noche anterior, el programa Hells Kitcken transmitido por Travel and Living Chanel; ahí pude asimilar el papel del chef del programa al de el profesor Jaime: los dos se afanaban por la demora en la preparación de las cosas, se enfurecían por si algo andaba mal con la presentación personal de los cocineros, la preocupación por la falta d materiales en fin, todo era tan semejante que hasta me sentí con la oportunidad de ser así tal cual... y así fue.
Con mucha convicción llegue al taller muy entusiasmado por comenzar pero desde el comienzo el día fue un colapso. Las recetas de los integrantes de mi grupo de trabajo faltaban, nunca llego un compaῆero  así que se tuvo que reorganizar algunos cargos. Pasados los percances nos dispusimos a cocinar. Las primeras horas de voleo fueron muy organizadas pero como siempre empezaron las fallas. Recordé lo que había visto en televisión y me percate que yo era el jefe así que designe y aplique. Siendo el chef me metí en el papel del chef de la tv y así fui empezando a alzar la voz, a sentirme acorralado y algo asustado. finalmente todo salio de acuerdo al plan y uno a uno se fueron despachando los platos. tal y como la tv todo fue un gran éxito.

BERNARDO  LINARES CASTELLANOS 

COMIDA EN FAMILIA, UNA TOTAL PRERROGATIVA
b
La relación entre  la cultura gastronómica y mi familia empalma  con lo  que describe Santi Santamaría en su libro “El Restaurante”;  puntualmente con lo que concierne a lo que él relata  acerca de Francia a mediados del Siglo XIX, donde los restaurantes eran lugares intermediarios y auspiciadores de diálogos y relaciones sociales que interconectaban lazos entre comensales.

Ahora bien, dentro de mi entrono familiar,  independientemente de si se da lugar a una comida de carácter “especial” o una de tipo cotidiano, lo que realmente resalta es lo que viene ligado al consumir un alimento; es decir, tratamos siempre de respetar el espacio destinado a la ingesta de los mismos y hacemos del comedor un lugar más ameno que permita unir nuestros lazos familiares. Si en determinada ocasión alguno de los integrantes de mi núcleo familiar no está presente, su ausencia es notoria, debido a esa tradición y costumbre que como familia, los cinco miembros hemos preservado. Hoy en día este tipo de espacios no se respetan e incluso se obvian debido al mundo tan estresado en el que vivimos, sin embargo el destinar una porción de nuestro tiempo a compartir y realmente degustar los alimentos, generan en mi una gran expectativa.

Partiendo con el  planteamiento de este ilustre personaje – Santi Santamaría- y  enlazándolo con la experiencia que previamente fue relatada, considero y valoro como interesante el hecho de haber contado con la oportunidad de preservar estas pequeñas pero significativas costumbres dentro de mi familia, pues personalmente siento como realzan el valor intrínseco que los mismos alimentos pudieran tener, y me permiten valorar el comer (acto de “masticar y desmenuzar el alimento en la boca y pasarlo al estómago” según la última versión del DRAE) como verdaderamente un privilegio.

Sebastián Llanos Ruiz

FUSIONES DE CULTURAS EN LA COCINA

La comida que disfrutamos en familia en ocasiones especiales, como cenas navideñas, de cumpleaños o de fin de año, es un privilegio total. ¿Por qué es un privilegio?, porque no en todos los hogares podemos encontrar la fusión de recetas provenientes de distintas regiones del país. Por ello mismo es que las cenas en familia que compartimos tienen un toque distinto y por eso, las disfrutamos tanto.
En mi hogar, por parte de mamá, siempre vamos a encontrar recetas vallunas, por mi abuelita y recetas del eje cafetero, gracias a la procedencia de mi abuelito; sin embargo, siempre va a predominar la cocina paisa. Por parte de mi papá, nos encontramos con recetas paisas y recetas santafereñas.
Si me preguntan a mí, ¿cuál es la cocina que más me gusta entre esas tres?, la verdad no tengo preferencia por ninguna de ellas, todas me parecen que combinan sabores exquisitos y suelen ser deliciosas para cualquier paladar que sepa aprovechar las delicias de la cocina. Empero, como ya lo mencioné anteriormente, la mayoría de tiempo en mi hogar se preparan comidas a base de recetas del eje cafetero. Al principio, fue una gran experiencia el que mi mamá preparara sus platos preferidos diariamente. Pero yo he sido criada en una ciudad con gustos muy contrarios y con el tiempo dejé de interesarme por probarla; porque lo que al principio puede ser una experiencia inolvidable, el simple hecho de que todo en extremo es malo, me aburrí de algunas cosas que como las he dejado de hacer, de vez en cuando las extraño y vuelven a mí. Por ejemplo, comer fríjoles cada domingo, que todas las mañanas desayunaramos con un pocillo lleno de chocolate caliente y le metieramos queso y galletas ducales; adicionalmente todos los días las comidas (desayuno, almuerzo, onces y cenas) eran acompañadas por un pocillo de aguapanela. A pesar que dejé de consumir muchas de esas comidas, esos sabores y aromas, cuando a veces los siento me traen recuerdos bonitos de momentos agradables en familia y me acuerdan que por más que haya nacido en Bogotá, siempre fuí criada con raíces paisas.



LUISA FERNANDA BUSTAMANTE ARIAS

Cocinando con el corazón


Cocinando con el corazón

Desde pequeños nos enseñaron que para tener fuerzas y crecer debíamos alimentarnos bien; creo que esto no fue solo en mi familia a muchos cuando éramos niños nos contaron esta historia y era tal vez esa frase de mi abuela diciendo: “si no comen todo, se quedarán pequeños” o las amenazas de mi mamá de quien no entregara el plato desocupado no podría jugar las que hacían que obedeciéramos dejando el plato desocupado. Luego no fue una obligación si no un placer sentarnos en la mesa y deleitar uno a uno los platillos que preparaba “mi abu”,  así fuimos creciendo día a día y entonces la hora de la cena era la más esperada pues aunque ya no hacíamos carreras con mi hermano y mis primos de quien primero acabara su comida;  ahora compartíamos  una a una nuestras experiencias del día y reíamos hasta que nos dolía el estomago.

Mi abuela materna es sin lugar a duda el símbolo de la cultura gastronómica en mi familia, ha sido ella la pieza clave para nuestras vidas. Ella no solo enseño a cocinar a sus hijas, si no también le enseñaba a sus nueras, a sus primas, a sus vecinas…  Su amor por la cocina se podría llegar a comparar con el amor que le tiene a su familia; cada cosa que prepara incluso un simple café es único: su aroma, su sabor, la forma en que lo sirve… Estoy segura que cada en plato que prepara pone una parte de su corazón y es esto el toque secreto para que no sepa igual a ningún otro.

Barbarita como todos la llamamos nació en Sutamarchan-Boyaca y es esta la razón principal por la que su cocido Boyacense es el más delicioso de todos.  Ella es un libro de secretos, solo ella sabe en qué momento exacto echar la papas criollas y los nabos para que no se diluyan, que clase de carne hará que el sabor del cocido perfecto ; pero la mejor parte es verla enseñar, su cara muestra el esfuerzo y el amor con que lo hace, al final prueba lo que has cocinado y aunque este mal siempre dirá:  “nada mal para ser la primera vez” y a continuación te dirá una a una las cosas que debes mejorar para la próxima ocasión . Aun no ha llegado mi turno para aprender a hacer el cocido, pero espero con ansias ese día y me da gusto saber que con ella no morirá esta tradición en mi familia.

Lina Maria Castellanos Castillo
OLORES EN LA COCINA

Estar en una cocina significa, entre muchas cosas, estar dispuesto a cualquier olor, sabor y aroma que haya dentro de ella, en todo caso, creo que fracasé ese día con el olor del queso de cabra...

Con pau teníamos que hacer unas croquetas de queso de cabra, el cual no tenía un olor  muy agradable porque olía literalmente a chivo, al principio el olor no generó mayor molestia en nosotras dos, pero la preparación de las croquetas consistía en hacer una especie de masa con el queso y después hacer muchas bolitas con el queso para pasarlas por miga de pan y huevo dos veces, al hacer la masa, el olor se aumentó en un 70% lo  cual nos empezó a molestar.
 Nuestra primera falla con ese queso, fue cuando Rosita vio nuestras primeras bolitas y dijo que estaban horribles, pero no sabíamos que hacer para que quedaran bonitas, después de la décima más o menos nos empezaron a quedar bonitas. 

Pero realmente lo peor fue cuando hicieron las bolitas y nosotras, emocionadas, las fuimos a probar pero OH! sorpresa, gracias a que habíamos estado tanto tiempo con el olor de ese queso las croquetas no nos supieron a otra cosa más que a CHIVO!! y nuestras manos y brazos y cara nos olía a otra cosa más que a chivo. Fue horrible y en definitiva le cogimos algo de fastidio a ese queso. 

Solo espero que la próxima vez que se haga algo con ese queso, no sea yo la que tenga que prepararlo.

Aromas y sabores inexplicables

Las aromas de un plato despiertan grandes sensaciones en un ser humano que  cautivan los 5 sentidos, pues traerán recuerdos inolvidables en una persona pues tocan el lado más sensible, es decir, los recuerdos lo cual crearan una gran satisfacción y alegría en las personas, pues pienso que a todo el mundo le ha pasado eso en más de una ocasión.

Igualmente,  es importante mencionar los distintos sabores que se pueden encontrar en un plato, pues se verán reflejados más de mil identidades propias pues la persona encargada de hacer los platos los hace con un valor agregado que busca que las demás personas se sienta atraídas por el mismo, aunque no es una tarea fácil siempre se busca impresionar a través de la innovación, que es un punto que hay que tener a favor.

Además de ello, me guiaré de una película que me impresionó y que llamo toda mi atención “Ratatouille”, pues ver como una rata (Rémy) le daba a cada plato un valor inexplicable dando un sabor y una aroma único, que como mencioné generaba en las personas muchos recuerdos, en especial  a un crítico gastronómico (Anton Ego) que con una mala reseña que escribiera en el periódico podría ocasionar la bancarrota del restaurante; no obstante no lo consiguió debido a que Rémy preparo un plato que lo llevo hasta el más profundo recuerdo, su madre.

Por otro lado, es importante alcanzar los sueños que uno tiene pues si se realizan con perseverancia se cumplirán; pues con cada acción que se desarrolle siempre se hará a partir de un valor agregado, debido a que existe una motivación que es fundamental para conseguir lo que uno se propone, si se realizan con amor dejaran una huella en muchas personas.

En conclusión, es importante que cada plato tenga su propia identidad pues se convertirán en platos típicos en donde se encuentran las tradiciones y costumbres de una cultura, lo cual hace representativo a un lugar, región o país, pues cada vez se están conociendo nuevos sabores y aromas que atraen a nuevos paladares, pues eso es lo que están haciendo los actúales restaurantes darle un valor agregado a cada plato, para ser los mejores en el mercado de la restauración.

Paola Cárdenas Ayala  

El eje de mi familia




Cuenta la historia, que en el más hermoso país de la tierra, Colombia, la familia Ferreira Ariza de origen santandereano procuraba siempre compartir momentos especiales  con sus allegados, procuraba estar dispuesto a meter las manos en la masa, a poner ollas en la estufa, a pelar maíz para hacer un mute, matar un cabrito para hornearlo o simplemente buscar la manera de reunirse alrededor de un plato a disfrutar la significancia del evento que estuviesen celebrando, evento que fácilmente podría ser un día más de vida.



Así es como Sandra Ariza y Salomón Ferreira, conocidos en La Granja, Santander cuando Sandra era estudiante de 11° de bachillerato y Salomón un recién egresado de matemáticas que empezaba a desempeñarse como profesor, decidieron comenzar una relación amorosa cuyo testigo fiel fue la comida de la abuela de Sandra y de su mamá y cuyo lugar favorito fue el horno de leña dónde la suegra de Salomón lo enamoró también y el a ella dándole a conocer que era delicioso cada plato que cocinaba, pues ella nunca veía un desprecio de su parte.

Pasaron los años y Salomón y Sandra decidieron unir sus vidas para siempre al tener la firme convicción de que Dios sería el sostén de su relación y 2 años después de su familia, su linda familia. Nació Paula Alejandra en el año 1994. Desde pequeña descrestaba a sus papás con su inusual forma de comer, pocas veces, a diferencia de la mayoría de niños, le decía no a las preparaciones de su mamá. Todo era rico para ella, los dulces, las carnes, los farináceos, los cereales, las frutas, las verduras y hasta el consomé de pescado que su abuelo paterno  sin ningún agüero le dio a los 4 meses y que a la vez fue definitivo para que Paula se convirtiera en una amante de los frutos del mar. Su madre y su padre estaban ilusionados con que fuera una gran médica. Si, ese sueño del colombiano de tener un médico en la familia. Sandra guardó sus cuadernos de Farmacia pensando que su hija estudiaría alguna ciencia parecida, pero los padres de Paula tuvieron que dejarse impregnar por el sueño de su hija y dejar atrás sus propios sueños. Fue así entonces, cuando entendieron que su primogénita ya no quería pasar horas  frente al quirófano, ella quería pasar días en una cocina.

Así fue como Paula empezó a dirigir los eventos de la familia Ferreira Ariza (navidades, cumpleaños, grados, nacimientos, matrimonios, entre otros) pero es importante decir que el protagonista de estos no era ella, y, la comida en sí misma aunque era parte importante, y más que importante, esencial, no era la que hacía de los festejos algo mágico, simbólico y sagrado; el protagonista de estos entonces, era Dios. No quiere decir con ello que la comida fuera un rito o un momento santo lleno de religiosidades, prohibiciones y retahílas de lo que se debe o no consumir así como la Iglesia alrededor del mundo por años lo ha pintado. No, los eventos gastronómicos para los Ferreira Ariza son un momento especial familiar, dónde cada personaje es consciente, y está absolutamente satisfecho con la oportunidad que Dios le ha dado para probar un platillo, para sentir esa explosión exquisita de sabores que no tienen otro objetivo sino agradar el estómago y el corazón. Dios es el protagonista porque sólo a Él se le debe la dicha de poder compartir con la familia y con la comida momentos únicos que ni el tiempo va a poder deshacer porque cuando se prepara un plato por segunda vez es revivir el recuerdo y es recordar con placer lo vivido.

Es así, como en mi familia el amor que se le brinda a la comida no es el único sincero, también el que Dios en su inmensidad es capaz de brindarnos porque lo vemos reflejado en la exquisitez que día tras día nos ha permitido disfrutar a mi familia y a mi.

Paula Alejandra Ferreira Ariza.